Como todo aquello que lleva su trabajo, y posterior merecida y gratificante recompensa, así es.
No es difícil percibirlo, aunque en algunos casos nos cuesta creer que eso sucederá y que somos capaces de enfrentar dicho reto. No porque no podamos, sino porque tal vez no estemos acostumbrados a afrontar retos o desafíos, y de ésto se trata.
Ahí está la clave de todo éste devenir, que como tal hay que tomarlo libre y suelto de pensamientos, razón y costumbres, sólo permitirle que se nos haga corpóreo, de dejarnos llevar por ése impulso tan natural, puro y profundo, que nos brinda la sensación de todo comienzo. Es la mejor manera de permitirnos ser, tal cual somos o queremos. Y aunque ante nuestro parecer las situaciones o cosas que se brindan parezcan ensambladas por algo metódicamente perfecto ajeno a nosotros y nuestro universo particular, ése único perfecto, misterioso, mágico y sabio actuar es lo que sucede cuando nos dejamos guiar por nuestro ser interior. Ese que no necesita de reglas, costumbres y formalismos. Solo lo dejamos salir y le permitimos su lugar, que no es otro más que el nuestro, el que queremos y ansiamos desde lo más profundo de nuestro ser.
Por eso creo, permitámonos abrir los ojos a nuestra mañana, dejemos que ése sol tan brillante y tibio nos toque con su calor y nos muestre todo ése mundo que tenemos para nosotros.
Ese mundo que también puede ser disfrutado y aprovechado por todos nosotros; de la manera más sincera y pura que podamos hacerlo, siendo libres de alma y espíritu, és la manera de no crear diferencia ni ventajas, y sin ésas actitudes dentro de nuestros ser no habrá cosa que pueda igualarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario